ESCRITOS

Ese tema de conversación

Eres ese tema de conversación,
en el que me sobran argumentos,
y no me cansa repetir;
ese beso robado en una estación,
antes de correr y subir al último vagón.

Recuerdas en futuro
y prometes en presente.
Sabes ser el delirio más cuerdo
del manicomio que habita en mis sueños.
Te vistes de espejismo y cuando te necesito,
apareces en mitad del desierto.

Eres libre como el tiempo,
por eso dejo un rastro de besos por tu cuerpo,
para no olvidar el camino de vuelta a aquel sueño,
que tú dibujaste con tus te quiero.

Y es que solo con tus besos,
eres la tinta para estos versos.

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Querida yo

Hoy he empezado a conocerte, y es irónico porque siempre has estado aquí. Quizás estaba demasiado ocupada buscando aquello que llaman media naranja, que por cierto, nunca he entendido esa obsesión por el cítrico; o simplemente había olvidado lo necesaria que eres.

Te he fallado muchas veces en las que me necesitabas, y yo no confié en ti, ni siquiera me tomé el tiempo para apreciar lo que vales. He amado y me he entregado a todos menos a ti, tal vez eso explica tus inseguridades y tu miedo a alzar la voz, cuando, por dentro, estás rugiendo.

Lo siento, siento haberte dificultado el levantarte después de cada caída; el no haberte perdonado errores que en otros siempre excusaba; y el haberte cortado las alas por miedo a las alturas.

Querida yo, espero que con el tiempo puedas perdonarme.

Los ojos de recuerdo

Los ojos de recuerdo,
se visten de blanco y negro,
y bailan canciones de amantes pasados.
Miran por la ventana del tren
y piensan en que habrá
más allá de la línea del mar,
pero se bajan en las paradas de siempre.

Los ojos de recuerdo,
a veces se mojan cuando no llueve;
y se pierden en caminos que ya conocen.
Les gusta conjugarse en un pretérito
que ya dejó de ser perfecto.

Los ojos de recuerdo,
piden un deseo por pestaña,
y se engañan,
buscando su reflejo en unos ojos,
que ya no le miran.

 

Funambulistas del amor

Fuimos expertos funambulistas
de la fina línea entre seguir
por amor o por miedo a dejarnos ir.
Empezamos a confudir el parche,
con nuestra propia herida;
Y como aquel turista que no sabe,
terminamos en un callejón sin salida.

Cogimos complejo de cactus,
haciéndonos más mal que bien,
en esos abrazos.
Queriendo alimentar nuestra llama
empezamos a sentir nuestro propio incendio.
Y por el miedo a dejarlo,
nos convertimos de verdad en una droga;
tan necesarios y a la vez tan dolorosos.

Nos aferramos al recuerdo de nuestro amor,
por la incerteza de no saber
si habría algo mejor;
y como no queríamos perder,
no nos atrevimos a dejarnos de querer.

Pero como el remedio que
duele antes de curar,
primero nos tuvimos que alejar,
para después podernos salvar.

 

Ese atardecer con vistas al mar

Eres ese atardecer con vistas al mar.
Me enseñaste que perderse,
es la única forma de saberse encontrar;
que si vivo de recuerdos,
viviré en pasado, no presente;
que mirar hacia delante,
evita la caída;
y que hay personas que son hogar,
y otras, huida.

Contigo he aprendido que amar
es dejar de preguntarse porqué
y empezar a ser respuesta sin querer;
que no hay recuerdo más amargo,
que aquel que nunca se ha vivido,
por miedo a arriesgar,
por el qué dirán.

Ahora sé que a veces el perder,
es una forma de ganar a largo plazo;
y que si tengo tus abrazos,
la tormenta ya puede esperarnos allí fuera.

 

Y terminé escribiendo tu nombre

Un día me dijeron que escribiera poesía,
y terminé escribiendo tu nombre.
No por un capricho o un sin sentido,
sino porque desde que llegaste a mi vida,
incluso las musas se inspiran en tu risa.

Me pierdo leyendo tus besos,
y mis labios se inquietan sin tus versos.
Eres las palabras que se escapan de mi boca
y vuelan hasta las hojas de mis sábanas,
donde la tinta de nuestra piel,
hace de la poesía, la mejor diana.

Y es que cuando te veo pasar,
mi bolígrafo ya empieza a temblar,
porque tú eres palabras,
y yo tengo la manía de quedarme en blanco,
sino es a ti a quién escribo.

Amor cotidiano

Eres en mí ese cosquilleo,
parecido a cuando cada mañana,
mis pies descalzos tocan el suelo.

Tu sonrisa no engaña,
como esconder el polvo debajo la cama.
Tus abrazos son como las sábanas,
en esas noches donde la ventana,
nos aleja de cualquier tormenta.
Tus ojos son el primer espejo
en el que me veo cuando despierto.
Y tienes una risa,
que suena a canción del verano,
tan pegadiza,
que intentar olvidarla es en vano.

Verte bailar o hacer cualquier estupidez,
es mejor que volver a ver en la televisión,
los dibujos animados de mi niñez.
Que me encuentres desprevenida,
y me abraces por la espalda;
me hace sentir la protagonista,
de aquellas películas de sofá y manta.

Si no te encuentro,
me siento como ese calcetín,
que ha sido olvidado en la lavadora.
Si te demoras,
no tardaré en comprobar si los relojes
están en hora.
Y cuando te vas,
siento el mismo vacío,
que deja una serie al terminar.

Mancha de chocolate

Tu recuerdo es esa mancha de chocolate
en mi camiseta favorita, imborrable.
Desde que llegaste a mi vida,
lo pusiste todo patas arriba;
desordenaste incluso mi corazón,
hasta no saber amarte sin perder la razón.

Me enseñaste que para tocar el cielo,
solo necesitaba estirar la punta de mis dedos.
Que todo estaba a mi alcance,
si era capaz de ver más allá del detalle.
Me recordaste que el amor no duele,
que si alguien te quiere,
nunca tendrá que pedirte perdón.

Contigo lo único que mojaba mis ojos,
era la lluvia cuando salíamos a bailar,
tú te deshiciste de los despojos
de alguien que se olvidó de amar;
y me demostraste que para soñar,
no siempre hace falta cerrar los ojos.

Ajedrez

Tu partida me dejó en jaque mate,
mis peones habían sido kamizakes
contra la torre indestructible
que era tu corazón.

Aposté mis caballos
hasta perder en cabales.
Mi cordura fue presa de tu alfil
y alfileres fue lo que clavaste en mí.

Creí que con mi reina te conquistaría,
pero como todo vale en el amor y la guerra,
me pasaste por encima,
sin preocuparte por la herida.

Con mis fichas en fuera de juego,
y tu indiferencia acechando a mi rey;
te fuiste sin más,
dejando un vacío peor que la derrota:
el de una partida sin terminar.

Hay amores

A lo largo de nuestra vida nos encontramos con diferentes tipos de amor:

El primer amor:
sabe a príncipe azul,
es un vuelo a lo más alto del cielo,
aunque por mucho que le pongamos empeño,
no siempre salta el paracaídas.

El amor de manicomio:
por el cual vivirías de insomnios;
perderías la razón, argumentos y libertad;
hasta que te pierdes a ti misma.

El amor con fecha de caducidad:
un amor que no encaja,
que está pasado y que no cuaja,
un amor que sabes que se va a acabar.

El amor de postal:
huele a verano
y sabe a sal,
y cuando llega el invierno,
se viste de recuerdos.

¡EL AMOR!:
así en mayúsculas e incluso exclamación;
es un amor por el que sientes devoción;
aquel que solo pasa una vez en la vida,
pero que se queda en ella para siempre;
tú decides si se queda:
a tu lado o en tu cabeza.