ESCRITOS

El invierno de mi corazón

El invierno de mi corazón
no estaba preparado para tu llegada.
Yo que había vivido encerrada,
en mis recuerdos empolvados,
tuve que sacar a la luz mis mejores galas,
para bailar al ritmo de la música de tus labios.

Llegaste y fuiste en mí aquel brillo,
capaz de silenciar cualquier suspiro.
Te inmiscuiste en mis pensamientos,
sin ni siquiera llamar antes de entrar.

Yo que siempre había sido un desastre,
cogí un terrible complejo de sastre,
pues con tu llegada empecé a coser,
los despuntes de mi alma.

Dejé de regar mis pétalos con lágrimas,
y empecé a hacerlo con la saliva,
que me dejaban tus húmedos besos.
Borraste cualquier humillación pasada,
siendo en mí aquella cascada
de caricias que curaron mis rasguños.

En mi piel aún quedan resecos recuerdos,
de aquella lujuria en la que no fuimos cuerdos;
pero como todo lo bueno en la vida,
fuimos efímeros,
hasta pasar desapercebidos.

Sabes a arte

Sabes a arte,
porque haces que no deje de pens(arte);
que sea imposible no mir(arte);
que cada noche termine por soñ(arte);
y porque en mis poemas no dejo de cre(arte).

Hueles a arte,
me basta cualquier excusa para imagin(arte);
cualquier segundo es bueno para escuch(arte);
porque me gustaría estirar el brazo y toc(arte);
y porque solo sueño en enamor(arte).

Suenas a arte,
porque haces que sea tan sencillo am(arte);
que no pueda pasar un día sin bes(arte);
que mis brazos hayan nacido para abraz(arte);
y que no sea una opción el olvid(arte).

Una montaña rusa

Fuimos la montaña rusa más espectacular,
pero se nos olvidó que cualquier subida
termina siendo una bajada.
Y que nuestras idas,
tenían sus venidas.

Cuando abrimos los ojos,
el sueño había terminado,
y allí estaban los despojos
de todos esos versos
que jamás pudimos dedicarnos.

El (nos)otros se perdió entre otros
y pusimos en otros nuestros rostros.
Hasta que nuestro recuerdo,
fue incluso más cuerdo,
de lo que nosotros habíamos sido.

Y nos recordó que el destino
nos había moldeado como dos piezas,
pero que la virtud de encajar era nuestra.

 

Te hiero

Nuestro verano olía a invierno,
desde que me rodeaste con tus brazos;
supe que eras frío y yo me moría de calor,
de un calor que tú apagaste con hielo.

Fuimos una crónica de una muerte anunciada,
nos apagamos antes de haber empezado,
o es que quizás nunca nos habíamos encendido.

Fui yo quien quise romper el hielo;
pero no sabía que lo que se rompía era yo;
me quise perder en ti,
y olvidé que sin brújula, no podría salir.

Fuiste tú quien se llevó la ropa del armario,
y solo dejo un adiós tan amargo
que no pude edulcorar.
Fuiste el mismo que en un disparo
cambió un “te quiero”,
por un “te hiero.”

Soy de esas

Soy de las que se enamoran de una conversación;
De las que tienen la sensación
que perderme es la única forma de encontrarme;
De esas que pueden pasarse la noche en vela,
por la simple inspiración de un poema.

Soy de esas las que bailan sin escuchar ninguna canción;
De esas que les vale más una acción
que cualquier dicho;
De las que les cuesta menos querer
a que las quieran;
De las que ya no esperan
a un príncipe azul a caballo,
sino que saben que no hay nadie mejor
que tú mismo para salvarte de cualquier temor.

 

Una guerra que sabe a paz

Si una palabra pudiera describirte:
sin dudas, sería paz,
la paz de terminar una guerra,
y empezar otra en tus sábanas.

La paz de dar un alto al fuego,
y que nos disparemos a besos.
Ondearte una bandera blanca,
y que tú la tiñas del rojo de tu carmín.

Pensar que el peor fuego es el amigo,
y despertar sin saber si estarás conmigo.
Querer cruzar todas las trincheras,
por la remota posibilidad que me quieras.

Caer a tus pies y firmar una rendición,
pero sentirme de esta guerra el triunfador;
porque solo tú sabes hacer
una guerra que me sepa a paz.

 

 

Besos conversos

Eres ese beso adverso
a cualquier universo;
un verso converso
en este poema perverso;
me quedo inmerso en tu reverso,
y pido que solo seas un (mal)verso.

Soy un introverso muy controverso;
confieso que me disperso
si no estoy entre tus be(r)sos;
entonces me pongo terso
y tergiverso todo a mi alrededor.

Eres mi universo inverso,
y a veces mi universo en versos.
Te lo podría decir de diversos modos:
Tú y yo somos aversos,
a cualquier verso ajeno.

Una pieza de arte

Vienes como una musa libre,
te tumbas y me dices “escríbeme”.
Yo con mi bolígrafo,
trazo lo que ya había borrado.
Eres ese recuerdo ausente,
que a veces huele a presente.

Te apareces y exiges unos versos;
Y dime, ¿A cambio dónde están mis besos?
Tienes complejo de mala decisión;
de un tatuaje arrepentido;
de un recuerdo que no ha volado aún del nido.

Ni siquiera sé como podría rimarte;
pero eres mi único verso;
como una pieza de arte,
que nadie entiende,
pero que todos saben admirar.

Hoy voy a vestirme con los rotos de mi corazón

Hoy voy a vestirme con los rotos de mi corazón;
con aquellos te quieros que se perdieron,
o que guardamos en un cajón;
con todas las promesas que olvidamos,
o que abandonamos en una vieja estación.

Voy salir a la calle con mis mejores galas,
con esos recuerdos que duelen y sanan;
Y mi único maquillaje,
será una sonrisa de equipaje.

No voy a lamentarme ni a culparme
por los besos robados y las despedidas,
porque de los amores, se aprende.

 

Y de postre, tu sonrisa

Todo lo que siento por ti,
se mide a besos;
ni la tinta del más bello poema,
puede abarcar lo que siento cuando te quedas,
y me arropas,
y las horas,
se convierten en segundos,
entonces sé que podría comerme el mundo,
y de postre, tu sonrisa.

Si te quedas a mi lado,
haré las estrellas del cielo,
con besos en tu cuello.
Te prometo un para siempre,
que no se te hará eterno,
y un te quiero,
por cada vez que pienso.