La religión de tus labios

Un beso tuyo es mi evangelio,
la comisura de tus labios son aquel párroco
en cuya misa me pierdo los domingos;
la soltura de tu lengua, aquella parábola citada
en la religión de tus labios.

Me declaro creyente, sí,
pero de la sonrisa que pones al despertar a mi lado,
del miedo a perderte y de las cosquillas
que mi estómago siente al verte cruzar la puerta.

Confieso que he pecado,
imaginándote cada día en mi cama, en mi piel.
Y sí, también confieso haber adorado otros dioses,
he rezado unos versos que no eran de tus labios.
Mas, cariño, he vuelto
para redimir mis pecados entre tus dedos.

Si la fe es creer ciegamente en que algo es posible,
yo tengo fe en un nosotros,
en un mañana a la orilla izquierda de tu cama.

Si el cielo es lo que nos aguarda después de una vida,
yo debo haber muerto ya porque mi cielo empezó contigo.

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