Ella no es mía

La estoy esperando sentada en la cama,
y como siempre, no llega cuando quiero.
Aún quedan restos de su carmín, 
en las blancas sábanas.

 

Sábanas que estará compartiendo,

con un pintor, poeta o artista que va pidiendo.
Nunca me ha preocupado,
ella es libre, 
no puedo retenerla únicamente en mi casa, en mi cama, en mis poemas.
No tengo queja, 
esté donde esté,
siempre vuelve a mi cabeza.

Ella no es mía, ni de nadie,
pero llama al timbre,
pasa sin que le abra la puerta.
No necesita justificar su tardanza,
ni darme más motivos para que la admire.
Se desnuda, me mira, se recuesta en la cama,
yo escribo, la miro, escribo y escribo.

Las ideas fluyen en mi mente,
se construye poesía, arte,
con mis pensamientos desnudos,
mis pensamientos guiados por ella.
En ese momento, me siento dueña de todo,
sin que nada me pertenezca.
Con mis brazos atrapo el mundo, el tiempo, la eternidad y la dicha.

Ella se va a medio verso,
la maldigo,
otro artista la reclama.
Ella es mi musa 

y la de todos.

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